Bueno, pues aquí estoy en la planta Sieben-grueber del edificio de Berlaymont. Alguno ya me ha hecho notar que para ser una persona con poca vida social no escribo con la asiduidad que se me supondría. Bueno, la razón de esto es que, aunque en mi nuevo apartamentillo tengo Internet, todavía no tengo ordenador. Esto debe ser algo así como subirte 10 cartones de Malboro a la MIR y olvidarte el mechero. Una putada.
Pero bueno no me desvío más del tema y hablemos de mi curro. Trabajo como "Analista Programador Senior Java en proyectos para el SG". Esto que suena tan pomposo podría también haber sido descrito como "soy un chicoParaTodo en el departamento TraePaCaEseProblema QueYoTeLoPongoBonito" El trabajo en sí parece que tiene buena pinta. Si bien es cierto que he pasado de trabajar en el caos absoluto en mi anterior empresa a otra donde como buenos burócratas está estandarizado hasta como colocar el papel higiénico.
Bueno, de momento vamos bien en cuanto logística. Me han puesto dos pedazo de monitores planos, un buen ordenador, conexión a internet sin filtros, material de oficina ilimitado...
¿Parece que todo va genial, no? Entonces pasaremos al lado de los Recursos Humanos. Y es que, de momento, en el trabajo hablo menos que un Furby con pilas del Carrefour. Mi grupo está compuesto mayormente por francófonos. Además tenemos un grupo de alemanes, 2 rumanos y yo, aka el desparejao.
Hans es un alemán más alemán que Angela Merkel en el Oktober Fest comiendo pretzels y wurst y bebiendo cerveza. Correcto, profesional. Es el que me hace de guía en la mayoría de las ocasiones. Máquina de café, cocina, distintas localizaciones etc. Pero el ya encontró su pareja que es eslovena y trabaja en el mismo edificio, así que no viene a comer con nosotros. Y es que la comida siempre fue un sitio para poder hablar tranquilamente. Hablar en francés claro, porque si no estás jodido.
La parte de la comida es curiosa cuanto menos. No hay llamada a comer, la gente simplemente se va levantando a las 12 y pico y van bajando. Solo muy de vez en cuando alguien pregunta: ¿manjé? Luego bajamos, coges el rancho, buena mierda, te sientas y a comer. Se ve que Carlos I no dejó costumbres españolas aquí, ya que la mayoría según va acabando recoge sus cosas y se larga comosindeciradiós. En esto es experta Lucille, otra de mis compañeras de oficina. La llamo así porque es clavadica a la babysitter ladrona de los Simpsons en aspecto y carácter. Las únicas frases que me crucé con ella fueron cuando nos presentaron. Ella se hace llamar Lucy,
- "Lucy" - pregunté yo con boquita de piñon (francesa) para ver si se pronunciaba así. Pero el tiempo pareció detenerse, o yo volverme invisible porque la respuesta nunca llegó.
También dentro de mi oficina es digno de mención Vlad. Vlad es rumano y lleva 3 meses y medio aquí. Hubiese podido ser mi punto de apoyo, pero el azar hizo que el mismo día que entré yo, entrara una chica rumana. A partir de ahí, a Vlad le empezaron a crecer y afilarse los caninos (colmillos) . Utiliza la técnica del divide y vencerás mezclándola con toques de acoso y derribo y de los demás pasa bastante. Además creo que me tiene algo de manía. Quizás Mina me miró con ojitos de cordera el primer día, ya que vine hecho un pincel o quien sabe, nunca fui bueno para detectar esas cosas. El caso es que desde aquel día Vlad pasó a venir sistemáticamente en traje y corbata y, creo, a odiarme cordialmente. Sólo espero que no acabe empalándome en medio de Schumanplein.
Por último y por ahora me queda hablar de Carmencita. Carmencita es la secretaria del departamento. Belga aunque hija de españoles y de ahí el nombre. Habla castellano y cocina tortillas españolas aunque a la belga... porque las patatas de dentro estaban muy fritas y en cuadraditos. Y es que los belgas son unos grandes amantes de las patatas fritas. Cucuruchos de patatas fritas por todos lados, bocatas de patatas fritas... hasta los kebabs tienen dentro patatas fritas.
Pero bueno, no me enrollo más con las patatas fritas que no es un mundo que dé mucho más de si. La cosa es que hasta que empiece hablar francés mi popularidad en el trabajo estará al nivel de la popularidad de las hermanas Olsen en un congreso de Calidad alimenticia o que Figo dandose un paseo por los alrededores del Camp Nou. Aún así soy optimista, esto me obligará a aprender gabacho, trabajar más, y aprender el uso de la espada para defenderme de Vlad.
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Pero bueno no me desvío más del tema y hablemos de mi curro. Trabajo como "Analista Programador Senior Java en proyectos para el SG". Esto que suena tan pomposo podría también haber sido descrito como "soy un chicoParaTodo en el departamento TraePaCaEseProblema QueYoTeLoPongoBonito" El trabajo en sí parece que tiene buena pinta. Si bien es cierto que he pasado de trabajar en el caos absoluto en mi anterior empresa a otra donde como buenos burócratas está estandarizado hasta como colocar el papel higiénico.
Bueno, de momento vamos bien en cuanto logística. Me han puesto dos pedazo de monitores planos, un buen ordenador, conexión a internet sin filtros, material de oficina ilimitado...
¿Parece que todo va genial, no? Entonces pasaremos al lado de los Recursos Humanos. Y es que, de momento, en el trabajo hablo menos que un Furby con pilas del Carrefour. Mi grupo está compuesto mayormente por francófonos. Además tenemos un grupo de alemanes, 2 rumanos y yo, aka el desparejao.
Hans es un alemán más alemán que Angela Merkel en el Oktober Fest comiendo pretzels y wurst y bebiendo cerveza. Correcto, profesional. Es el que me hace de guía en la mayoría de las ocasiones. Máquina de café, cocina, distintas localizaciones etc. Pero el ya encontró su pareja que es eslovena y trabaja en el mismo edificio, así que no viene a comer con nosotros. Y es que la comida siempre fue un sitio para poder hablar tranquilamente. Hablar en francés claro, porque si no estás jodido.
La parte de la comida es curiosa cuanto menos. No hay llamada a comer, la gente simplemente se va levantando a las 12 y pico y van bajando. Solo muy de vez en cuando alguien pregunta: ¿manjé? Luego bajamos, coges el rancho, buena mierda, te sientas y a comer. Se ve que Carlos I no dejó costumbres españolas aquí, ya que la mayoría según va acabando recoge sus cosas y se larga comosindeciradiós. En esto es experta Lucille, otra de mis compañeras de oficina. La llamo así porque es clavadica a la babysitter ladrona de los Simpsons en aspecto y carácter. Las únicas frases que me crucé con ella fueron cuando nos presentaron. Ella se hace llamar Lucy,
- "Lucy" - pregunté yo con boquita de piñon (francesa) para ver si se pronunciaba así. Pero el tiempo pareció detenerse, o yo volverme invisible porque la respuesta nunca llegó.
También dentro de mi oficina es digno de mención Vlad. Vlad es rumano y lleva 3 meses y medio aquí. Hubiese podido ser mi punto de apoyo, pero el azar hizo que el mismo día que entré yo, entrara una chica rumana. A partir de ahí, a Vlad le empezaron a crecer y afilarse los caninos (colmillos) . Utiliza la técnica del divide y vencerás mezclándola con toques de acoso y derribo y de los demás pasa bastante. Además creo que me tiene algo de manía. Quizás Mina me miró con ojitos de cordera el primer día, ya que vine hecho un pincel o quien sabe, nunca fui bueno para detectar esas cosas. El caso es que desde aquel día Vlad pasó a venir sistemáticamente en traje y corbata y, creo, a odiarme cordialmente. Sólo espero que no acabe empalándome en medio de Schumanplein.
Por último y por ahora me queda hablar de Carmencita. Carmencita es la secretaria del departamento. Belga aunque hija de españoles y de ahí el nombre. Habla castellano y cocina tortillas españolas aunque a la belga... porque las patatas de dentro estaban muy fritas y en cuadraditos. Y es que los belgas son unos grandes amantes de las patatas fritas. Cucuruchos de patatas fritas por todos lados, bocatas de patatas fritas... hasta los kebabs tienen dentro patatas fritas.
Pero bueno, no me enrollo más con las patatas fritas que no es un mundo que dé mucho más de si. La cosa es que hasta que empiece hablar francés mi popularidad en el trabajo estará al nivel de la popularidad de las hermanas Olsen en un congreso de Calidad alimenticia o que Figo dandose un paseo por los alrededores del Camp Nou. Aún así soy optimista, esto me obligará a aprender gabacho, trabajar más, y aprender el uso de la espada para defenderme de Vlad.